domingo, 2 de agosto de 2009

Imanol & Martín


Imanol Arias y Martín Rivas son almas gemelas: hacen lo que les apasiona, tienen éxito y se declaran hijos de la ‘tele’. Son los actores con más presente y futuro de España. En junio, en el Festival de Islantilla (Huelva), ambos se desnudaron en esta charla entre amigos.



Imanol Arias (Riaño, León, 53 años) estaba llamado a convertirse en empleado de la fábrica donde se ganaba la vida su padre, en Ermua (Vizcaya). Martín Rivas (Vimianzo, A Coruña, 24 años) siempre quiso prepararse para ser director de cine. El primero parece que usa la misma talla que en el rodaje de El Lute, hace más de dos décadas. El segundo cuenta con un físico prácticamente perfecto y una sonrisa que cautivaría a una fiera en la selva. Ambos llevan viviendo en Madrid desde los 20 años. Éstas son sólo algunas de las similitudes entre dos actores que triungan en televisión gracias a Cuéntame, la serie más vista de TVE, y El Internado, que ocupa el trono de las audiencias en Antena 3. La última coincidencia se produjo hace algunas semanas, cuando recibieron el homenaje del Festival de Cine y Televisión de Islantilla (Huelva). A Imanol le concedieron el Camaleón de Honor a la Mejor Interpretación y a Martín al Actor Revelación. Allí mismo se colocaron los trajes largos y compartieron en exclusiva para Pantalla semanal, algunas confidencias.


¿Qué significa ser una revelación?

Imanol: La primera vez que me llamaron revelación fue tras el estreno de Anillos de oro, en 1983. Entonces la televisión no tenía un ámbito de ficción tan grande como ahora. Nos costaba creer que podíamos hacer televisión de forma continuada. En aquellos momentos, ser revelación iba acompañado de ser El Hombre del año Dunia. ¡Eras el hombre del año! Ibas a todos los sitios, las marcas te mandaban la ropa… Pero nos asustábamos tanto que al año siguiente desaparecíamos o hacíamos alguna cosa rara.

Martín: Claro, entre que erais menos actores y que sólo había dos cadenas, cuando se hablaba de audiencias millonarias no tiene nada que ver con lo que ocurre ahora.

Imanol: Imagínate, la recta final de Anillos de oro tuvo una audiencia media de 20 millones de espectadores.

Martín: Ahora es impensable. La difusión está más repartida, así no notas tanto ese grado de presión y responsabilidad sobre tus hombros. Yo concibo esto de promesa como algo inherente a ser joven, porque si eres joven eres promesa de algo. Hay prometedores atracadores de gasolineras o de farmacias, pero a mí me ha tocado lo de prometedor actor. El reto es ver si se puede hacer una carrera y pasar la criba, porque hay gente que empieza muy fuerte en esto, pero su estrella se va apagando.

Imanol: Totalmente de acuerdo. Ni siquiera tiene que ver con aciertos y desaciertos, que los habrá, en tu camino, porque cuando lo tienes claro sólo hay que mirar adelante. Pero sí hay pequeños errores que, ante una dejadez, pueden hacer palidecer tu destino. No es tanto por falta de trabajo como porque no se den los pasos exactos. Ahora hay más capítulos de todo y se puede trabajar mucho para aprender a “cómo ser actor y no morir en el intento”.


La fama, ¿maldición o estigma?

Imanol: El efecto de la fama televisiva puede ser el mismo ahora que antes. Cuando se estrenó Anillos de oro yo estaba rodando una película en Buenos Aires. Me despidieron en el aeropuerto mi padre, mi madre y mi agente. A los pocos días me llamaron por teléfono para decirme que no me podía imaginar lo que estaba pasando en España con la serie. Al regresar me encontré con cientos de personas esperándome a las puertas del avión. Pepe Navarro hacía un programa en televisión, La tarde, al que tuve que ir tres días seguidos para que me conocieran. El paso siguiente, claro, era esconderte. Cuando empecé a salir con Pastora (Vega, su mujer), nos tuvimos que ir a vivir a un camping en Italia, sin un duro, porque la presión era brutal.

Martín: Yo no recuerdo el momento de transición de anónimo a conocido. Notas que vas por la calle y la gente te empieza a mirar. Me llama la atención cómo cambia la forma en la que otra persona te ve a ti. Pero creo que es necesario que haya una transformación, porque somos animales en un hábitat, y si tu escenario, sus circunstancias, varían, tienes que adaptarte. El choque ocurre cuando el entorno se modifica y tú te niegas a adoptar nuevos comportamientos. No debe cambiar tu esencia, tus principios, pero hay cosas que antes hacía y ahora soy más cauto.

Imanol: Es verdad que se crea una autoprotección y hay una vida que no vives para los demás. Llega un momento en que ese típico despiste dentro de una situación normal dejas de tenerlo y te acostumbras a que haya un número de ojos que siempre están puestos sobre ti cuando sales a la calle. Hay una última parte del proceso en la que llegas a creer que si tú no haces eso, nadie te ve.

Martín: Yo me encuentro en ese ponto. Estoy autoconvencido de que no me miran a mí. Yo creo que es lo más cómodo.

Imanol: No tengas la menor duda.


¿Ha cambiado la manera de rodar?

Imanol: Antes rodábamos en Panavision, como si fuera cine. Ahora se hace en multicámara, lo que implica una mayor libertad, pero necesitas un conocimiento del lenguaje que debes ir manejando. Gente como tú llega más formada, porque nuestro referente era Estudio 1: grandes actores de texto que se metían allí dos días y grababan seguido. Si se equivocaban en el minuto 20, había que empezar otra vez desde el principio. La imagen del gran actor estaba puesta en José Bódalo, Rodero… Hacían grandes tochos con buena voz, sin construir corporalmente el personaje. Venían de una interpretación textual con una precisión en los tonos y los acentos increíble. Y llegamos nosotros con tal despiste que decían los mayores que, más que hablar, saltábamos.

Martín: Una de las cosas que nos echan algunas en cara es que tienen que poner los subtítulos del teletexto para entendernos. Yo soy también de esa tradición teatral.

Imanol: A vosotros os dicen que habláis bajito, a nosotros, que muy rápido. Pero empezábamos a trabajar en el cine y aprendíamos. Solo que en mi época, la de los directores, nuestra primera película era con Ángela Molina, Ana Belén… Veías cómo había un trabajo que sí existía y que se construía un personaje.


¿Cómo se puede seguir en la brecha?

Imanol: En mi época cayeron muchos porque fue muy dura con las drogas. La Movida Madrileña tenía una cosa demoledora: no dormíamos. No era selectiva sin uniforme, pero si destroyer absoluta: convivíamos con el que iba a morir. Además, la mayoría veníamos de fuera y no teníamos aquí familia a la que agarrarnos, así que nos metíamos en el fango. Viví la Movida con un éxito brutal, viviendo de noche, escondido. No podía responder políticamente a nada. Tenía que mentir y esconderme.

Martín: Un error grave está en previsualizar tu carrera en el sofá de casa. Si no se cumple, te puedes llevar un palo muy grande. Hay que tomar decisiones según las oportunidades que surgen. Cuando acabe El Internado veré qué opciones tengo y qué camino sigo. Pero no me preocupa, prefiero vivir en la inmediatez.

Imanol: Si yo sirvo de ejemplo en algo es que se puede ser actor de forma continuada sin morirse durante un buen tiempo. Esta profesión es sostenible, de ahí su maravilla. Eso de poder llegar a decir “estoy en una edad muy mala y no me ofrecen tantas cosas” es maravilloso. Significa que has llegado hasta ahí. Nosotros teníamos miedo a llegar.

Martín: Por cierto, Imanol, nosotros nos conocimos en la entrega de premios de una revista, ¿no?


¿Los del norte lo hacen mejor?

Imanol: Sí, lo recuerdo, aunque yo conozco a tu padre, tengo su misma edad y ya veía El Internado cuando te conocí. Siempre me pareciste un actor muy interesante. Hay algo en la gente del norte, en la forma, que veo que tiene estilo, como un poso. En el Norte la sociedad está marcada por la vinculación familiar. Somos gente que venimos al centro.

Martín: No sé, creo que también es más fácil ser melancólico cuando cada mañana descorres las cortinas y ves un bosque espeso y con niebla. Si ves una zona árida con mucha luz, donde todo está a la vista, es diferente.

Imanol: Así empieza la biografía que nunca publicaré, hablando sobre la melancolía que genera el País Vasco. Ermua estaba llena de inmigración gallega. Me contaron que había más de 15.000 personas de Allariz (Ourense) en mi comarca. Y yo tenía muchos vecinos gallegos.


¿Delante o detrás de la cámara?

Martín: El día de mañana me gustaría llevar una carrera como la tuya. Has dirigido una película y quiero saber cómo se da ese paso que a mí tanto me llama la atención.

Imanol: Lo hice mal, porque fue por encargo, no se me ocurrió a mí. Era una historia complicada, sobre una actriz que se retira a una casa y contrata hombres. Lo pasé bien, tuve buenos actores, pero la película no interesaba mucho.

Martín: ¿No has pensado en repetir?

Imanol: Qué va. Con el tiempo me he ido quitando cualquier necesidad de ser director o productor. Ser intérprete, meterme en el asunto y trabajarlo de pleno me colma la vida. Hice un corto y la película. Y que conste, la experiencia no fue mala, lo malo fue defenderla luego. Pero vamos, que de 60 películas como actor, 30 son así sin dirigirlas yo. Películas malas se hacen muchas. En el cine, hacer siete, cinco o tres buenas seguidas es muy difícil.

Martín: A mí me gustaría algún día dirigir.

Imanol: Creo que tu generación lo tenéis que hacer. Yo tengo un hijo con 22 años, músico, que está haciendo un curso de posproducción y dirección porque tiene la idea de trabajar su instinto, de ser capaz de generar su estilo.Martín: Bueno, pues ya te iré contando la próxima vez que nos veamos.

Imanol: Eso espero.


Martín, una carrera disparada

Hijo del escritor Manuel Rivas, siempre quiso ser director de cine, por lo que empezó a estudiar Comunicación Audiovisual. Pero le dijeron que estaría bien tener nociones de interpretación para saber dar indicaciones a los actores. Así que estuvo en una escuela de teatro durante cuatro años y le cogió el gusto a lo de ser actor. Su llegada a El Internado, tras varios castings con la productora, Globomedia, fue algo a lo grande. Cuarenta y tres capítulos después ya es el actor con más tirón de la serie, junto a Ana de Armas. En uno de los descansos entre temporadas ha participado en la película de José Luis Cuerda Los girasoles ciegos, donde gracias a un papel más bien pequeño ha logrado una candidatura al Goya al Mejor Actor Revelación. En breve se pondrá a las órdenes de Xavier Villaverde para rodar su segundo filme, El sexo de los ángeles, junto a la belleza femenina María Valverde.

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